Leyenda de las semillas malditas

Leyenda de las semillas malditas

Esta leyenda que voy a contarles surgió después de un intercambio de regalos entre amigas. Algunas veces las personas se ponen de acuerdo con antelación sobre cuál sería el regalo que les gustaría recibir en esa fecha. No obstante, éste fue llevado a cabo de manera tradicional, es decir, cada quien podía regalar lo que quisiera.

A Ariadna le tocaron unas sandalias de plástico, a Leticia una bolsa de mano, a Rosa un libro que contenía su leyenda favorita y finalmente a Marisol le dieron un juego de botánica.

– ¿Es una broma? Qué voy hacer con esto. Expresó muy molesta.

Sin embargo, sus amigas no paraban de reír asegurándole que con esas semillas prácticamente estaría en condiciones de convertir su jardín en una huerta.

– Mari, a ti te fascina la naturaleza y además eres vegetariana ¿qué más puedes pedir? Mencionó Rosa en tono burlón.

– Muy bien, si es tan divertido les propongo algo. Sacaré de la caja una bolsa de semillas y las plantaré aquí mismo. Si estas germinen, las perdonaré y seguiremos siendo amigas, de lo contrario pueden olvidarse de mí. Replicó Marisol.

Todas estuvieron de acuerdo en la condición y dejaron que ella siguiera con el plan. Enterró las semillas en la tierra y las regó con un poco de agua. En eso estaba cuando Leticia mencionó:

– Ya vieron, la bolsita que eligió Marisol no tiene etiqueta.

– ¿Qué raro? Dijo Ariadna.

– Bueno chicas, ya es muy tarde y mañana tengo que levantarme temprano, pues debo ir a trabajar. Nos vemos. Expresó Marisol.

La chica salió de ahí dejando a sus demás amigas conversando. Saliendo de trabajar la noche siguiente, Marisol fue a la casa de sus amigas únicamente para encontrar que éstas estaban muertas.

Las tres mujeres fallecieron de asfixia ya que tenían atadas a sus cuellos, unas raíces espinosas que provenían del sitio en donde había ella misma había plantado las semillas. Posteriormente los agentes la interrogaron con el fin de saber el origen de esa planta, a lo que ella respondió fuera de sí:

– Todo comenzó como una broma… Todo comenzó como una broma.

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