Una segunda oportunidad

Una segunda oportunidad

El amor es uno de los sentimientos más complejos que hay. Me atrevo a hacer esta aseveración porque súbitamente nos puede elevar hasta el grado máximo de felicidad, para luego hundirnos en la más profunda de las depresiones. Es por eso que me atrevo a compartir contigo una de mis más íntimas narraciones.

Mi relato pudiera parecer tan convencional como otras tantas narraciones que abundan por Internet sobre ese mismo tópico. Sin embargo, creo que a pocos hombres les ha pasado algo como lo que a mí me ocurrió. Conocí a Caridad cuando cumplí siete años. Lo sé porque justamente el día de mi cumpleaños sus padres se mudaron al edificio donde vivía.

Era una chiquilla simpática con la que pasé miles de tardes jugando de lo más entretenido. Mi mamá se enfadaba porque bajábamos corriendo las escaleras:

– ¡Niños! Tengan cuidado, no se vayan a caer.

Con el paso del tiempo, nos fuimos haciendo más y más cercanos. De hecho, Caridad fue mi confidente y mejor amiga hasta que me le declaré en su fiesta de 15 años. Le regalé un gran ramo de flores acompañados de una tarjeta de felicitación en donde expresaba todo lo que sentía por ella. Caridad la miró con extrañeza y me comentó:

– Tengo que pensarlo Josué, te pido que por favor me des unos días.

Yo estaba desesperado, no podía comer ni dormir, pensando en cuál sería su respuesta. Finalmente, me dijo que si quería ser mi novia.

Desafortunadamente, nuestro noviazgo solamente duró un par de meses, pues descubrí que me era infiel con un amigo que teníamos en común.

Le recriminé por su acción, argumentándole que no se debe jugar de esa manera con el corazón de alguien que lo único que ha hecho ha sido quererla.

A lo que ella respondió:

– Por supuesto que no mi amor. Perdóname. Me equivoqué.

Desde esa fecha, no pasa un día sin que me pida fervientemente que le dé una segunda oportunidad. Mas no sé si pueda llegar a dársela, pues la duda de qué otra infidelidad se vuelva a repetir continúa presente en mis pensamientos.

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